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LOS RIESGOS DEL PIERCING

LOS RIESGOS DEL PIERCING

 

Infecciones, sangrado, roturas dentales, pérdida de piezas y otras reacciones graves son habituales entre quienes deciden ponerse abalorios en la boca

ALEJANDRA RODRÍGUEZ

El pasado jueves, el Consejo General de Odontólogos y Estomatólogos de España celebró el Día Nacional de la Salud Bucodental. Los especialistas en salud dental han aprovechado para llamar la atención sobre los riesgos del 'piercing' de la cavidad oral y sus inmediaciones, una práctica cada vez más extendida entre la población adolescente.

De hecho se calcula que aproximadamente el 8% de los mayores de 14 años lleva un abalorio de estas características en alguna zona de su anatomía.

De entre todas las partes del cuerpo en las que se pueden colocar anillos o practicar diversas técnicas de 'body' 'art', la cavidad bucal y, sobre todo, la lengua son especialmente susceptibles de desarrollar alguna complicación.

«La lengua está supravascularizada y es fácil que se produzca una hemorragia, incluso de pequeñas dimensiones, a la que no se le da importancia hasta que se complica; y puede hacerlo mucho», recuerda Alfonso Villa, presidente de esta institución.

Y es que si bien en otras zonas del cuerpo el 'piercing' puede producir infecciones con relativa facilidad, lo cierto es que colocar un pendiente en la lengua es especialmente arriesgado, pues la boca es un lugar atestado de bacterias que entran al comer, beber, fumar, masticar, mordisquear o chupar objetos extraños...

En ocasiones, la patología puede iniciarse en el llamado suelo de la boca (espacio submandibular) y dar lugar a una angina de Ludwig. Ésta cursa con dolor cervical, inflamación del cuello, fiebre, debilidad y dificultad respiratoria.

Ha de tratarse precozmente con antibióticos administrados por vía intravenosa para aliviar estos signos ya que, de lo contrario, la inflamación puede aumentar hasta bloquear las vías respiratorias y provocar la muerte. El tratamiento ha de completarse con antibióticos orales, reparación dental y drenaje del cuello con cirugía.

OTROS PELIGROS

En todo caso, y sin llegar a este extremo, anillar la lengua, los labios, el frenillo o las mejillas produce otro rosario de alteraciones como las microrroturas y traumatismos dentales, así como la retracción de las encías por el roce del adorno, hiperplasia tisular (en la zona donde se inserta el adorno el tejido crece demasiado llegando a causar fibrosis), atragantamiento o aspiración si la bolita se desenrosca, desgarros, reacciones alérgicas, interferencias radiográficas...

Eso por no hablar de alteraciones quizá no tan peligrosas, pero sí enormemente molestas, como la hipersalivación por la presencia de un cuerpo extraño dentro de la boca, la halitosis por la dificultad que representa llevar a cabo una buena higiene en la zona anillada, mala fonación o molestias a la hora de masticar y tragar.

Para evitar todos estos riesgos o, al menos, reducir su incidencia, los odontólogos españoles reclaman una legislación más restrictiva para el 'piercing' oral que para el que se realiza en otras zonas del cuerpo.

«La formación de 20 o 25 horas sobre sistemas de esterilización que se exige actualmente en la mayoría de las comunidades autónomas es insuficiente», pone como ejemplo el doctor Villa.

Además, el especialista recuerda que anillar la lengua es un acto de cirugía menor y que, como tal, no puede ser abordado «por nadie que no tenga los suficientes conocimientos médicos sobre anestesia, anatomía, sutura...».

De este hecho se deriva, precisamente, otra de las reclamaciones de los expertos: la necesidad de que conste el consentimiento informado por escrito. «La ley recoge que para cualquier procedimiento quirúrgico o invasivo no basta con el consentimiento verbal», explica el doctor Villa.

El usuario ha de conocer todos los riesgos a los que se enfrenta para poder decidir si los asume o no. «Hacerlo de otro modo es una auténtica temeridad, concluye este especialista.

 

LA ANOREXIA

LA ANOREXIA

DIARIO 20 MINUTOS, MARTES 10 DE OCTUBRE DE 2006


Aumentan los casos de

 

bulimia y anorexia

 

entre las más jóvenes

También entre las mayores de 35 años. Afecta al 5% de los adolescentes andaluces y el 20% presenta riesgo de padecerla

 


MARTA CONDE 20 MINUTOS

 

Enrique VIII de Inglaterra o el Papa Borgia tenían episodios bulímicos (atracón-vómito). Este trastorno no es sólo parte de la historia, lo sufren el 5% de los adolescentes andaluces y un 20% tiene riesgo de padecerlo, según datos ofrecidos por el psiquiatra I. Jáuregui y por el presidente de la Sociedad Andaluza de Medicina Psicosomática, M. Álvarez.

Lo más preocupante es que la edad de la anorexia y la bulimia nerviosa baja: el 10% de las chicas andaluzas que enferman lo hacen antes de la primera regla. En el otro extremo, frente a las adolescentes como pacientes habituales, aumentan los casos de mayores de 35 años. La patología afecta a nueve chicas por cada varón. En el trastorno por atracón cambia la proporción: casi el 50% son varones. Aunque la anorexia y la bulimia son las conductas más conocidas, no son las más frecuentes, explica Jáuregui, autor de La cárcel del cuerpo (editorial Grafema, 20 euros), una guía útil sobre la enfermedad. La ortorexia (obsesión por comer sano), la vigorexia (uno se ve muy delgado) o la adicción a las dietas son algunas de las nuevas alteraciones, afirma el psiquiatra.

Además, los trastornos no obedecen a una sola causa. Hay «predisposición biológica, psicológica y social», dice Álvarez. «El culto al cuerpo, la excesiva preocupación por el aspecto y la proliferación de gimnasios» son algunos factores que han provocado el incremento de estas patologías, afirma Jáuregui.

¿El tratamiento? «Rehumanizar a los pacientes», expone el doctor Álvarez.

 

«Antes muerta que gorda»

Una niña de ocho años manifiesta «antes muerta que gorda». Lo cuenta el doctor Jáuregui para explicar que estamos generando que la conciencia del cuerpo se adquiera a edades impensables. Según este experto, una niña de ocho años «no tiee conciencia de que vive en un cuerpo hasta que no le llega el desarrollo puberal». Frente a esta realidad, el psiquiatra aboga por un cambio social y recuerda que la familia y los educadores son los encargados de prevenir esta enfermedad que, en casos extremos, puede acabar con la vida del paciente.